Orugas procesionarias

Con la llegada de la primavera, comienzan a aparecer las primeras orugas procesionarias y por tanto el riesgo de contacto con ellas.

Ha entrado la primavera y han ascendido las temperaturas y ya comenzamos a ver las famosas procesionarias de los pinos. El periodo de máximo auge es entre febrero y abril.

¿Qué son las orugas procesionarias?

Cuando hablamos de orugas procesionarias o del pino, estámos hablando de una de las fases del ciclo biológico de Thaumetopoea pityocampa. Dicho ciclo comienza cuando estas mariposas nocturnas ponen los huevos en las acículas de los pinos. A las semanas saldrán las larvas u orugas, que formarán el característico nido con forma de bolsa de seda.

Cuando comienza la primavera, la subida de la temperatura, estimula lo que se llama “reflejo de enterramiento”. Este proceso consiste en migrar desde el nido hasta una zona óptima donde enterrarse y formar la crisálida. Esta migración se realiza de forma característica, ya que se realiza en fila india, como en una procesión, lo que le da este nombre tan característico de orugas procesionarias.

¿Qué producen?

Los pelos que recubren el cuerpo de la oruga contienen una toxina llamada thaumatopina. Estos pelos, con acción urticante, producen graves reacciones alérgicas. Se desprenden con facilidad por lo que no solo existe posibilidad de contacto directo con la oruga, si no que pueden quedar suspendidos en el aire.

Los perros suelen ser los más afectados mientras que los gatos, no tan curiosos, menos. Esto se debe a que estos pequeños insectos que van en hilera, resultan atractivos para nuestros perros.

El contacto más frecuente es oral, ya sea por contacto directo con la oruga o por nidos caídos. Menos común es la ocular, provocada por el contacto con un pelo transportado por el aire. A diferencia de los humanos, las reacciones cutáneas son poco frecuentes.

En el contacto oral pueden pasar que se las trague o que simplemente las toque con el hocido/lengua. En el mejor de los casos, si no se produce la deglución de la misma, los síntomas pueden ir desde extremo picazón con edema hasta necrosis grave. Si se la traga, el perro comenzará a vomitar. La gravedad de los signos aumentará con el tiempo por lo que es necesario actuar con rapidez. Pueden aparecer, entre otros signos, convulsiones, fiebre, disnea y la muerte.

La sintomatología inicial más común es la aparición de nerviosismo en el perro, intentar darse con las patas contínuamente e hipersalivación.

¿Cómo actuar?

Lo primero que debemos entender es que cuanto más tiempo pase, peor es el pronóstico. Esto quiere decir que, si se produce el contacto con una oruga o sus pelos urticantes, debemos acudir con la mayor brevedad posible al veterinario para que inicie cuanto antes con el tratamiento.

Además, es útil saber que la toxina thaumatopina es termolábil. Es decir, que el calor desactiva la toxina, por lo que se puede lavar la lengua o la zona afectada con agua caliente. Nunca debemos frotar la zona afectada.

En cuanto a la profilaxis lo mejor es evitar la exposición con las orugas o con sus pelos.

Debemos tener especial cuidado en zonas de pinar ya que es en los pinos donde hacen el nido. La época en la que hay mayor cantidad es de febrero a abril, con el comienzo de la primavera y el respectivo aumento de temperatura.

El uso de bozales, puede prevenir la ingestión y, en cierta parte, el contacto con las orugas.

Este blog es informativo. En ningún momento sirve como diagnóstico de enfermedad ni como herramienta para medicación de animales que obvien la obligada intervención de un veterinario o un farmacéutico.
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